Tuve que escucharla llorar
Tuve que escucharla llorar, con su voz quebrada, diciéndome que ese pibe le había roto el corazón y sólo había jugado con ella.
Tuve que escucharla llorar, con las manos temblorosas y la mirada baja, diciéndome que no le habían dado el puesto porque al ser mujer suponían que también era estúpida.
Tuve que escucharla llorar, con los ojos rojos y cansados, diciéndome que su papá le había pegado a su madre ayer en la noche, porque no fue lo suficientemente valiente como para no hacerlo.
Tuve que escucharla llorar, soportando el nudo en la garganta, diciéndome que ayer en la noche un tipo la había acosado hasta que llegó a su casa, gritándole cosas y haciéndole insinuaciones.
Tuve que escucharla llorar, descontroladamente y con la garganta seca por tanto gritar, diciéndome que le daba miedo salir en la noche, usar un escote o una falda.
Tuve que escucharla llorar, gimoteando y con la cara agrietada de lágrimas, diciéndome que la habían violado.
Tuve que escucharla llorar, con la voz como un susurro, preguntándome por qué la habían matado, por qué le habían arrebatado la vida, si a penas tenía 16 años.
Tuve que escucharla llorar, pidiéndome que todo esto parara. Pidiéndome que nosotras, las que seguimos aquí, fuéramos la voz de aquellas a quienes se la arrebataron.
Tuve que escucharla llorar, mientras veía sus lágrimas de impotencia, enojo, ansiedad, miedo…
Por eso hoy más que nunca, ¡Lucha, mujer, lucha! ¡Lucha, y ya no dejes que te hagan llorar!